jueves, 8 de junio de 2017

SALÓN DE BELLEZA. Mario Bellatin


Nació en México en 1960. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México y director de la Escuela Dinámica de Escritores. Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 2002 por su novela Flores. Algunas de sus obras son: La escuela del dolor humano de Sechuán; El gran vidrio; El jardín de la señora Murakami; Canon perpetuo; Perros héroes; Jacobo el mutante; Lecciones para una liebre muerta  

Entre sus novelas cortas se encuentra Salón de Belleza, que en 2007 fue seleccionada por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles como uno de los mejores libros en lengua castellana de los últimos 25 años. Para gustos, los colores (y los libros). Personalmente, creo que se han pasado un poco, pues después de haberla leído tengo la sensación de que no me ha aportado mucho, a lo mejor estoy equivocado y es cuestión de ponerme a pensar para que me ronden las ideas…


Salón de belleza es una novela corta, aunque más parece un relato largo. Desde un principio recuerda a las películas de Almodóvar: morbo y travestis, sexo prohibido, palizas, búsqueda de hombres en cines porno... 

El protagonista, un tipo maniático y caprichoso que persigue extraños deseos, transforma un salón de belleza —de ahí el título— en el que atendía a mujeres, en un moridero en el que solo deja entrar a hombres que agonicen. ¿Qué vio o pasó para que encuentre más gusto y belleza en la muerte que en la vida? De forma sorprendente, solo encuentra satisfacción y plenitud en ser testigo de la muerte, en la agonía, rechazando lo vivo y dándole la espalda a hombres con aspecto de sobrevivir.

También da la espalda a los peces. Pues empezó comprando peceras y llenándolas para el salón de belleza, para acabar dejando a los animales a su suerte, pero siempre renovándolos, como a los enfermos. ¿Por qué tanto placer y belleza en la agonía, en el sufrimiento?  

No se implica emocionalmente, al menos lo intenta, incluso llega a parecer poco humano. Actúa como un profesional de su trabajo, casi un robot en algunos casos, o un ser apático, realizando su trabajo rutinariamente, sin apenas distinciones entre los enfermos. Se marca una serie de tareas: hacer la compra, lavar a los enfermos, cocinar para ellos…, como quien cierra latas en una fábrica.

Perdió a sus amigos, perdió a su primer paciente, un joven al que intentó salvar la vida, se perderá él mismo… Manejará en su mente su propia muerte, su soledad, su agonía y declive, su decadencia y perdición. Será una obsesión: aceptar la muerte, ser casi su cómplice, su siervo, convertirla en rápida, sin ofrecer resistencia. Agonizar en pocos días para dejar de sufrir. Luchar contra la vida, no contra la liberación…

El libro es corto, curioso, interesante, con una narrativa perfecta y una capacidad magnifica del autor de ir respondiendo a las preguntas que nos vamos haciendo, desgranando la historia del protagonista, sin terminar de darnos respuestas claras sobre la vida… Quizás, para que cada uno piense por sí mismo; quizás él tampoco tiene las respuestas…  
      
Atrévete con la lectura. 

Carlos Álvarez

SINOPSIS

Tras los cálidos elogios y la buena acogida del público cuando Salón de belleza apareció en Tusquets Editores México, en marzo de 1999, y con los derechos de traducción vendidos a Francia y Alemania, nos parece más que justificado darla a conocer también en España y el resto de Hispanoamérica.
Una peste extraña fulmina paulatinamente a los habitantes de una gran ciudad. Rechazados por sus semejantes, algunos enfermos no tienen siquiera un lugar donde terminar sus días. Un peluquero, que hasta entonces ha regentado con grandes esfuerzos un célebre salón de belleza, decide dar refugio a los moribundos. Aficionado a los peces exóticos que en sus acuarios decoran el salón, el peluquero acaba convirtiendo su salón en un moridero medieval. ¿Qué mal diezma a los huéspedes del improvisado enfermero, carente al parecer de motivos filantrópicos? Con el tiempo ya sólo los peces multicolores serán testigos indiferentes de su dedicación, cercana a la santidad verdadera, sin paliativos naturales.